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El producto de una ecuación muy compleja

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Rutas mendocinas

Posted by rodralez on 13th February 2009

Payunia, Malargüe

Payunia, Malargüe

Hace un año atrás me dieron ganas de conocer más mi provincia, Mendoza. Creo que todo mendocino en algún momento de su vida se dice “¡Mierda, conozco Villa Gessell pero no puedo ubicar a Tupungato en un mapa!”. A mi me daba un poco de vergüenza. Entonces desde ese momento decidí comenzar a hacer turismo interno.

En este último año con mi mujer pudimos recorrer los departamentos de Tupungato, San Carlos, Malargüe, San Rafael y Tunuyán. Conocí lugares como el Manzano Histórico (Tunuyán), Laguna del Diamante (San Carlos), Caverna de las Brujas, Payunia (Malargüe), El Nihuil, Cañón del Atuel, Valle Grande y Reyunos (San Rafael); todos sitios turísticos hermosos (unos más, otros menos) y que, además de su imponente belleza, tienen algo lamentablemente en común: unas rutas de mierda para acceder a ellos. Muchas veces “las rutas” ni siquiera están asfaltadas. Son caminos de tierra, llenos de serruchos y piedras. Por ejemplo, para llegar a Laguna del Diamante si no tenés un vehículo 4×4, o uno nuevo que estés dispuesto a reventar, ni lo intentes.

Entiendo que algunas mejoras se están haciendo al respecto, pero no son suficientes, falta mucha obra pública. Si queremos como provincia apostar en serio al turismo necesitamos rutas buenas para acceder sin problemas a todos esos parajes imponentes que tiene la provincia. Mientras las obras no lleguen, las políticas para fomentar el turismo en la provincia no serán, a mi entender, más que buenas intenciones, ¡puras chapuzas! (me gustó esa palabra :) )

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Inseguridad, pero cuál de las dos

Posted by Rodrigo G. on 15th September 2008

Hace 20 años atrás el Gran Mendoza era un lugar bastante tranquilo, sin mayores problemas de seguridad, que se debatía entre ser un pueblo grande o una ciudad chica. Era ese tipo de lugares donde uno podía dejar la puerta de casa sin llave todo el día o la bicicleta tirada en la vereda. Yo crecí en esa Mendoza, que lamentablemente ya no existe. C’est fini, it’s gone. Fue.

Los años pasaron y trajeron más población y, de la mano de las política neoliberales de los ‘90 (buscar “hijo de puta de Menem” en Google), más pobreza. Y dejar la bici en la puerta de la casa pasó a ser una locura. Pero como esas enfermedades crónicas que matan despacio, nos fuimos acostumbrando de a poco a la delincuencia. Te robaban el estéreo del auto, o el auto directamente, o entraban a tu casa y robaban… cosas que pasan, ¿no? “Por suerte saqué un seguro a partir del último robo”(¿consuelo de tontos?). Veíamos crecer la inseguridad y nada hicimos, y por su puesto muchos menos hicieron quienes nos gobernaban (políticos) y quienes nos debían cuidar (policías), ya que estos funcionarios sólo entienden la Política del bombero: hay que apagar los fuegos, los fuegos que marca la opinión pública, claro, y la vamos piloteando. ¿Políticas a largo plazo? ¿Lo queeé?

La bola de nieve siguió su camino cuesta abajo y las peores noticias empezaron a llegar: mataban a una mujer de un tiro en la cabeza para robarle el auto, mataban a un chico para robarle la moto, asesinaban a una mujer embarazada por error mientras asaltaban un negocio de celulares. Todas noticias atroces y que en lo inmediato inspiran pedir la cabeza en bandeja del asesino. Siempre lo mismo: robo seguido de muerte. Y ahí ya no nos gustó nada el asunto. Y nos empezamos a (tibiamente) manifestar. Empezamos a pedir mano dura (frase que ni siquiera podemos definir ya que para la derecha es hacer lo que marca la ley y para la izquierda es represión), limitar las excarcelaciones de los delincuentes, y, hasta se escucha por ahí, instaurar la pena de muerte (lo cual no me sorprende porque a la mayoría de los mendocinos no se nos mueve un pelo si un delincuente es abatido mientras delinque, y creo que hasta nos parece algo bueno). Reaccionamos como lo hace toda sociedad asustada, sin pensar mucho y queriendo soluciones ya. ¿Si está bien empezar a hacer algo? ¡Por su puesto! Esta matanza sin sentido tiene que parar, y parece que nuestros gobernantes algunas cosas están haciendo al respecto. Hasta acá muy resumidamente cómo se fueron dando las cosas.

Pero no es mi intención proponer aquí una solución a este problema tan complejo, sino hacer notar que existe otra inseguridad, que mata mucho más que aquella que tanto nos indigna (con razón) pero que los mendocinos hemos decidido considerar menos dramática. Hasta el 15/09/2008 en la provincia de Mendoza han habido 98 muertos por delitos violentos y 188 por accidentes de tránsito. Desde la fría óptica de la estadística existe casi el doble de probabilidades de morir en un accidente de tránsito que durante un robo. Entonces, como sociedad ¿tiene sentido exigir parar la delincuencia y no mover un dedo para mejorar la seguridad vial? Para mi es algo de locos ¿Quién es más mortífero? (si es que la pregunta tiene sentido) ¿Un delincuente armado o un tipo que maneja como el culo? ¿Qué es más peligroso? ¿Un arma de fuego cargada o 1 tonelada y media de fierros a 120 Km? Pregunto nomás. Tal vez digan que es el debate que viene. No sé. Creo que pedimos lo que nos conviene, porque “yo soy un tipo decente, no soy un delincuente, yo no robo, ni siquiera sé disparar un arma, luego estoy del otro lado, nunca voy a ir matar a alguien en un robo, por ende, los delincuentes deben ser fusilados en un acto público”. Y por otro lado “y si, a veces me paso un disco PARE o le tiro el auto a uno que otro peatón… así que… mejor no pedir justicia para el que mata manejando ¿no? Porque tal vez algún día me pase. Además si cumplo con las leyes de tránsito llego 30 segundos tardes a todos lados, una mierda”.

Mientras tanto para debatir una Ley de Responsabilidad Vial (por ponerle un nombre) parece que habrá que esperar que choquen de frente dos micros de pasajeros: uno lleno con monjas, no, mejor lleno con toda la selección de futbol, y otro lleno con niños huérfanos discapacitados. Y claro deberán morir todos, excepto los choferes, así tenemos a alguien para volcar toda nuestra bronca y ahorcar con nuestras propias manos. Tal vez recien ahí el horror, esta especie de combustible para cambiar algo en sociedades idiotas, nos haga reaccionar. Claro que eso no será fácil para un pueblo tan abobado como el nuestro… ¿salió el nuevo IPhone? ¡Qué copado!.

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Unite al Plan de Seguridad Vial “Porque la vida vale”… claro, para unos pocos

Posted by Rodrigo G. on 30th January 2007

Debido al calamitoso estado de la seguridad vial en Argentina desde hace ya varios años, un organismo estatal (por fin !!) ha decidido ponerle fin a esta silenciosa matanza y hacer algo al respecto. Desde la Defensoría del Pueblo de la Nación se lanzó una campaña publicitaria por radio y televisión con la consigna “Porque la vida vale”. El objetivo de esta campaña es juntar 400.000 firmas para que en el Congreso se trate una iniciativa popular que declare la emergencia vial en todo el territorio argentino, y que obligue a la Presidencia de la Nación a que tome medidas al respecto. El plan es muy completo, ataca al problema desde varios lados: educación, mejoramiento de rutas, sistema nacional para el otorgamiento de licencias de conducir, entre otras cosas.

Para apoyar esta propuesta, se debe concurrir a ciertas Entidadas adheridas a esta campaña y firmar una planilla. La lista completa de Entidades ordenadas por provincia se encuentra en esta página. En la ciudad de Mendoza se puede concurrir a Morón 245, Oficina del Defensor del Pueblo de la Nación en Mendoza, teléfono 4493682, entre otros lugares. Evitar la muerte de 7000 personas por año bien vale el pequeño esfuerzo.

Reproduzco parte de una nota de editoral del diario La Nación:

Los accidentes de tránsito -lamentablemente, esto se viene repitiendo una y otra vez a lo largo de los últimos cinco años- son la primera causa de mortalidad en el país, aun por encima de muy serias enfermedades. Y no se ha llegado a este preocupante nivel por obra y gracia del azar, sino por la existencia de innumerables inconductas de quienes no acatan, en todo o en parte, las reglamentaciones viales vigentes; por la falta de sanción de estas inconductas por parte de quienes tienen la facultad para hacerlo, y por la desidia manifiesta de aquellas autoridades que no se esfuerzan para imponer la sana costumbre de hacer respetar la ley.

Hasta aquí el problema cultural de una sociedad irresponsable, con un evidente desprecio por la vida. Pero hay otras respuestas y ésas las dan los técnicos: la Argentina tiene, básicamente, las mismas rutas que en 1930 y falta construir más autopistas, que previenen 7 de cada 8 accidentes mortales. Como contrapartida, va en aumento la cantidad de autos que las transitan; además, hay muchos camiones y ómnibus en pésimo estado de mantenimiento. Incluso, también señalan los especialistas, ya sea por errores de diseño o de mala implementación, hay señales de tránsito o dispositivos como semáforos o rotondas que en lugar de reducir los riesgos los elevan.

De manera que, a la luz de las últimas estadísticas de enero que no hacen más que ratificar una realidad ominosa -víctimas mortales, heridos con secuelas graves y daños materiales incontables-, se hace perentorio poner fin a esta verdadera epidemia que sufrimos todos los argentinos. Todo avance relacionado con la prevención es positivo y por eso es de destacar la resolución adoptada por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, como un paso en esa dirección. Sin embargo, de nada valdrán los radares, las leyes o la educación vial en las escuelas, si no se ejercen los controles debidos y se aplican las sanciones correspondientes. Y si la sociedad argentina no empieza de una vez por todas a asumir su responsabilidad ciudadana de cuidar de la calidad de vida de todos sus integrantes.

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