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El producto de una ecuación muy compleja

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Accidente en Ferronor… o cuando me partí el alma

Posted by Rodrigo G. on 19th August 2006

¿Qué pasa cuando vas en un vehículo de 80 toneladas a 30 Km/h y chocás en seco contra unas 100 toneladas de fierros y cobre? Eso te va a doler.

El día 22/05/2006 por la mañana llego por trabajo a la localidad de Llanta, a 2 hs de la ciudad de Copiapó, al norte de Chile. El objetivo era instalar un tacógrafo en una locomotora de la empresa Ferronor. Esta empresa trabaja en el rubro Ferroviario y se dedica, entre otras cosas, a bajar planchas de cobre en tren desde una mina (de cobre, obviamente) que está en medio de la Cordillera. Pueden ver algunas fotos de donde estuve.

Seguí las reglas y me puse el kit de seguridad: casco, lentes, overall y zapatos de seguridad. En realidad no podés entrar a un taller ferroviario sin este equipo. Excepto por el overall, aunque es necesario si tu objetivo es no salir en una propaganda de jabón en polvo.

Instalado el equipo había que mover la locomotora unos metros dentro del mismo patio de operaciones para ver si estaba funcionando. Subo a la locomotora junto al maquinista y mueve la mole de acero unos 50 metros y vuelve a nuestro punto de partida.

El equipo que había instalado estaba funcionando OK. Tomo algunas fotografías del sistema para poder documentar la instalación. Quería hacer otra prueba antes de terminar. Le consulto al maquinista si era posible mover la locomotora unos 300 metros más allá antes de terminar. El maquinista me informa que podíamos efectuar esta maniobra. Parecía piola el tipo.

Lo que cuento a continuación para mi fueron 3 actos de una obra de teatro, con bajada de telón y todo.

Acto 1: En el arranque de la máquina yo estaba parado, de frente al movimiento de avance, apoyado contra una de las paredes metálicas de la cabina de conducción. A mi izquierda se encuentra el maquinista. Estoy distraído revisando las fotos que había tomado.
Acto 2: Escucho un ruido a fierros retorcidos MAL, la cabina se me da vuelta y pego un grito agudo onda soprano del Colón.
Acto 3: Al segundo siguiente me encuentro a mí mismo de bruces en el piso, con un fuerte dolor en el pecho… no podía respirar. Para rematarla siento que me cae sangre desde la frente hacía la cara. Pero claro, esto era un detallito frente a mi incapacidad de respirar.

Me arrodillo, me quedo quieto y pasados unos 10 segundos (estimo) el fresco aire vuelve a entrar en mis pulmones. A todo esto el maquinista se levanta como si nada y me dice “tranquilízate !”. Claro, él pensaba que no podía respirar porque estaba con una especie de ataque de histeria y no porque había dado con toda mi humanidad con una de las paredes de acero de la cabina !. Idiota. Al bajar de la locomotora veo que habíamos chocado con unos cuantos carros que estaban estacionados sobre la vía. No entendía nada… ¿de dónde habían salido esos carros, si hace unos minutos no estaban ahí? Prácticamente de inmediato, todavía aturdido por el golpe, soy trasladado en un furgón de Ferronor al hospital más cercano.

Lo que cuento a continuación lo fui averiguando después. Mientras me llevaban al hospital me fui enterando qué había pasado.

Saliendo del patio de operaciones se encuentra en la vía un empalme que permite a la locomotora doblar hacia la derecha o seguir en su misma dirección. En el momento de la última prueba dicho empalme estaba dispuesto para doblar hacia la derecha y se encontraban sobre esta dirección, a unos metros del mismo, al menos 5 carros estacionados cargados con planchas de cobre… pesados ellos. Al avanzar la locomotora y tomar el empalme, dobla hacia la derecha y choca con los carros estacionados a unos 30 Km/h, lo cual es equivalente a caer de una altura de 9 metros aproximadamente.

Por qué chocamos: el maquinista se confía y al pasar por el empalme cree que estaba dispuesto de tal forma que la locomotora seguiría en la misma dirección. Además, el maquinista no debió salir o intentar salir del patio de operaciones sin su asistente, cosa que me entero una vez hospitalizado por gente de Ferronor.

Conclusión: termino hospitalizado en Copiapó con :

- Luxofractura tipo Weber B de peroné. No puedo apoyar el pie hasta nuevo aviso.

- Esguince en muñeca izquierda. Tengo enyasado el antebrazo izquierdo.

- Golpazo en el pecho, pero todo bien, sin órganos comprometidos o costillas rotas. Ahora, para donde me muevo me duele. Y ni te cuento si estornudo. Y cuando me río no sé si lloro por la risa o por el dolor. Este dolor no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

- Cortes en la frente y en el tabique nasal, causados por los lentes de “protección” que estaba usando. Lo que indica que pegué de lleno con la frente. Esto lo corrobora la quebradura de la vicera del casco.

- Fractura de 6 dientes. Pérdida importante de parte de uno de ellos, del diente frontal superior. (1)

- Hematoma del tamaño de un puño en el muslo izquierdo, el que me causa dolor cuando quiero caminar con esta pierna, la única móvil que tengo por ahora.

¿Qué herida tuvo el maquinista? Un corte superficial en el costado exterior de su ojo izquierdo, no necesitó ni puntos. Esto indica que el tipo se vió venir el choque y se agarró de algo, pero él a mi NUNCA me dió voz de aviso. En fin…

Les mandaría fotos de cómo me veo por estos días, pero mi cámara voló por los aires en el momento del choque y ahora descansa en el cielo de las cámaras fotográficas.

Después de casi dos días tirado en la cama de un hospital leeeeeeejos de mi mundo conocido, el miércoles a la mañana los médicos me dejan volver a Santiago. La empresa Ferronor tuvo la delicadeza de pagarme un pasaje en avión para regresar creo que más por sacarme de encima que por humanidad. Ahora sigo mi tratamiento en Santiago.

Me han dicho que como mínimo tengo un mes de reposo. Por suerte mi “polola”, la Pato, está por estas tierras, si no no sé que sería de mi. Tenía pensado estar el viernes 2/6 en Mza para festejar mi cumple y para asistir al casamiento de mi amigo Dajo, pero no va a poder ser. Una cagada.

Tengo muchas cosas más para contarles como mis baños de esponja en el hospital y otras hilarantes historias, pero ahora me tengo que ir a tomar la sopita a la cama.

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